UN MODELO QUE CRECE, PERO NO SATISFACE.

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Un político joven y actual gobernador del estado Zulia, Pablo Pérez Álvarez expresó “que a través de la autonomía de los poderes públicos y de una economía moderna que sea capaz de garantizar el desarrollo, se podrá alcanzar la felicidad y el progreso en Venezuela”. Por lo demás, como elemento sumamente importante cabe destacar en estas palabras, que no se toma en cuenta el fenómeno climático que afecta profundamente estas y las futuras generaciones, por lo demás nos sirve para el análisis.

 

Esta visión clásica y muy reconocida posición basada en la economía, yace dentro del espectro de la pobreza de nuestros países, incluyendo el nuestro, una forma atractiva de ofrecer una esperanza que hoy, es necesaria como base para accionar un modelo que en el pasado ofreció riqueza y mejor estándar de vida a los ciudadanos. Pero colmado de las injusticias, poca solidaridad y diferencias sociales increíbles, como también, no toma en cuenta la variable ecológica.

 

Por el otro lado, el modelo socialista o comunista, incluyendo el del “siglo XXI”, representa las miserias de un mundo de contradicciones, de falsas expectativas que permitieron la caída del Muro de Berlín, la pobreza de Cuba y las realidades existente en el intento de implantar estas prácticas en el país, hacen constantemente meya en la economía, en la felicidad y las oportunidades de los ciudadanos de lograr un crecimiento justo y equitativo.

 

Dentro del entorno del modelo de Estado que afirma el joven político, tomamos en cuenta que este modelo, fue generando la antipolítica, desde los años 75 en adelante, que no cesa en su decisión de destruir los valores políticos sobre los cuales se sustenta la democracia. Persistiendo en minimizar la presencia de los partidos políticos en el proceso de toma de decisiones inherentes a la conducción del Estado, la orientación de la sociedad y la consecución de una democracia social y participativa, por un lado.

 

Por el otro, se evidencia que, “La política práctica cada vez está más distante de lo social. En las democracias es común ver sociedades que articulan necesidades y expectativas, así como a una clase política que camina sin escuchar, lo que se ha traducido en la crisis de la democracia, que no es más que una crisis de representación. Los ciudadanos dejamos de sentirnos representados por los Partidos y los Políticos”, afirmó, César Cansino en una entrevista para Vértigo.

 

Esto nos lleva a una profunda reflexión o análisis para aquellos que nos hemos dedicado tantos años a la actividad política, estos alejados del contexto científico y académico que esta  ocupación conlleva consigo y por lo cual, les permite repetir los errores del pasado, con otras formas u nombres que aparentan las nuevas prácticas. Siendo el fin, las frustraciones de muchos y el enriquecimiento de pocos; a esto, no se la puede dar el nombre de DEMOCRACIA.

 

La dura lucha del estamento político es ¿cómo lograr? la ecuanimidad, la justicia y la igualdad en el seno de un país y  a su vez riqueza, bienestar y mejor calidad, como dignidad de vida. Es el gran misterio que rodea la incógnita de gobernar bajo la sombra de grandes intereses y presiones nacionales e internacionales; como combinar los ingredientes para lograr una gestión que le dé real significado a la gente.

 

El Estado Social Latinoamericano, ofrece un marco conceptual que define la relación con los ciudadanos y el Estado, de forma tal, que esta relación fortalezca conceptos paradigmáticos que logren el desarrollo, crecimiento y el establecimiento de una vida digna en la vida de las personas, sus familias y las comunidades donde se desplieguen las vidas de los ciudadanos. La clave para los estudiosos de esta tendencia es una conversión del Estado, de controlador a facilitador.

 

Un Estado facilitador que permita establecer una vida social donde se gane, ganando. El Estado, los gobernantes, el ciudadano, las familias y las comunidades. He allí el meollo del discurso, vivir y cambiar para volver a caer en  los mismo males que origina al otro, es ser cíclico torpemente. Mantener en ascuas a un pueblo por no permitir que este logre realmente un camino al éxito, es bochornoso, nada ético e imperdonable.

 

elestadosocial-latinamericano.over-blog.es

 

Elaborado en Venezuela, 01  04  2011

por: Dr. José Pons B.

 

@josePonsB

 

 

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